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Un parto doloroso (2)

El parto no es nuestro

Se piensa que cuando un parto se complica era inevitable. Como padre.

Una piensa que si el bebé está bien y la madre se apaña con un postoperatorio no demasiado complicado, es que todo salió bien y ha hecho su trabajo, como sanitaria dedicada a la Obstetricia.

Afortunadamente se lo que es un primer parto natural, quiero decir, vaginal. Vi a mi hijo salir de su madre gracias al esfuerzo de los dos, la madre empujando y el niño siguiendo con sus movimientos las contracciones del expulsivo. Tuve la suerte de estar a su lado para apoyarla en uno de los momentos de mayor vulnerabilidad de una mujer, y luego de estar ahí en el primer momento del bebé, de sentirlo mío en el momento en que salió y de sentirme acompañado de la comadrona y la ginecóloga.

Esta vez ha sido muy diferente.

Llegamos sin contracciones, con cita previa para una inducción programada para evitar un pequeño pero importante riesgo.

Los medicamentos han provocado las contracciones, guiados por el criterio de una matrona que no nos seguía ni a nosotros ni a nuestro parto, sino a un protocolo aplicado de forma fría y sin tacto, sin ningún interés por nosotros, como si el bebé fuera algo desconectado y disociado de su mamá.

Ha forzado la mano con la oxitocina porque lo único que importaba era tener – obtener – contracciones cada 2 minutos. Luego, una vez logrado, ha seguido forzando porque el cuello del útero no se dilataba con la velocidad “esperada”.

Aunque le hubiéramos dejado claro que queríamos ir despacio, que no teníamos compromisos para este día, que preferíamos evitar contracciones demasiado violentas que pudieran hacer sufrir al feto y provocar una cesárea urgente, aunque también le hubiéramos dicho que somos pediatras pues necesitábamos participar en las decisiones médicas para estar tranquilos, siguió insistiendo y aumentando el ritmo de la oxitocina, asegurando que no implicaba ningún riesgo, que no se diferenciaba de las contracciones naturales, que el cuerpo lo necesitaba porque de lo contrario las contracciones disminuirían, desacreditando nuestras inútiles preocupaciones.

Fue así que las contracciones se volvieron insostenibles para el bebé que empezó a sufrir, solo en la última fase apareció la ginecóloga, quien inmediatamente retiró la perfusión de oxitocina y agregó un fármaco para detener las contracciones. Salvo que este fármaco, así como el analgésico que la obstétrica le inyectó dos veces en vena, provocaron hipotensión en la madre, lo que agravó el sufrimiento del bebé, y venga corriendo al quirófano, cesárea de urgencia. Mi pareja entre lágrimas. Yo dejado fuera del quirófano con una frase “No puedes porque es de urgencia”. Ella sola. Me llamaron para pasarme a mi hija, un sentimiento de extrañeza tan diferente de aquel primer parto…

Acto seguido la madre, con el vientre abierto mientras 4 médicos continuaban la operación, empezó a sentirse mal, le costaba respirar. Mientras me habían dejado volver a entrar, la veo con tensión muy baja, 53/40, aviso a la resi de anestesiólogía, al cabo de 1 minuto me encuentro afuera otra vez, la bebé en brazos, ella adentro en quirófano, sola, que no puede respirar.

A los 20 minutos la traen semiinconsciente por los medicamentos: había sufrido una hipotensión aguda por hemorragia debida a hipotonía uterina, la misma ginecóloga me comenta que había sido por el medicamento que le había tenido que dar para detener el contracciones violentas (nifedipino). Además, sabíamos que tanto el nifedipino como las dos inyecciones de lidocaína decididas por la comadrona dan hipotensión, y que a la hora de administrarse la tensión de la mamá ya estaba peligrosamente baja (la lidocaina administrada por la comadrona sin nuestro consentimiento ni el de la ginecóloga, simplemente había dado la órden de administrar a la resi de anestesia).

Al sentir la falta de aire, la madre, con el útero aún abierto, había tenido un ataque de pánico – lo que llaman crisis de agitación -, por lo que había sido sedada y, ahora que la traían de vuelta, no estaba consciente, su bebé allí, en mis manos, las manos del padre, yo que la sostenía sin haber podido procesar nada… No se como un momento tan importante y hermoso se pudo haber convertido en algo triste – si hubiésemos esperado, si nos hubiera escuchado, que perdía por ir más despacio? –

Han pasado 5 días y no me doy paz, no he podido sentir y no siento esa magia, una de las emociones más hermosas que he sentido con el primero, pisada por remordimientos, rabia, la culpa por no haber podido evitar, no haber podido proteger a la niña y a su madre, por no haber sabido imponer nuestra voluntad, nuestro deseo, nuestro criterio, no haber sido lo suficientemente firme, no haber afirmado que la maternidad, la paternidad, el parto, eran nuestros.

El parto es un momento de enorme vulnerabilidad y lamentablemente nos encontramos indefensos, obligados a depender no solo de la esperanza sino, al menos en parte, de la comadrona que nos ha tocado ese día.

Han pasado casi 6 días y todavía no siento, como padre, que el niña sea mía: no estuve en los momentos más difíciles, no estuve para apoyar a la madre a acompañar a la niña a salir, yo estaba fuera, me entregaron a la bebé bebe cuando estaban listos.

La comadrona nunca se disculpó, ni siquiera dijo lo siento, supongo que estará orgullosa de haber realizado una inducción a pie de la letra, y luego una cesárea heroica y exitosa.

https://www.natalben.com/que-es-como-actua-oxitocina#:~:text=Oxitocina%20en%20el%20parto%2C%20lactancia,cuello%20uterino%20y%20el%20alumbramiento.

https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/parto/administracion-de-oxitocina-sintetica

https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/parto/el-papel-de-la-oxitocina-y-otras-hormonas

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